Respeté lo más que pude el modo ensamblaje que en el 1600 hacían con los vestidos, adapté lo que encontraba oportuno, y también me permití mínimas licencias pro resultado, aun mi peinado no llega a igualar el guardainfante que sería lo propio en una adulta, es por ello que la infanta Margarita aparece en el famoso cuadro con los cabellos sueltos.
El miriñaque (estructura fondo del vestido) debía ser transportable, porque yo y mi identidad apropiada llegábamos al centro de la ciudad en bicicleta, para allí terminar la transformación en público.
Porqué lo haces? Das publicidad? De qué va ésto?...fueron algunas de las preguntas que hacían los pasantes, y ellas contienen un propio significado.
Este ha sido mi encuentro con un pasado del lugar en el que estoy; Madrid, con un patrimonio artístico de la humanidad, con un personaje que también se multiplica en cuadros, que se extiende a la publicidad, que motiva reinterpretaciones y demás.
Entre sus movimientos filtrada en la memoria de la gente que desprevenida pasaba con prisas y rutinas, con los que vinieron a ver y absorber arte, con aquellos que vinieron y no les interesaba el arte...con todos sentí que los involucré por un instante en el pasado.
Agradecimiento especial a Paola Valeri por su incondicional apoyo como fotógrafa.